Por Amalia Sato
O real nĂŁo está na saĂda nem na chegada; ele se dispõe para a gente Ă© no meio da travessia. (Lo real no está en la salida ni en la llegada; se nos ofrece en medio de la travesĂa)
GuimarĂŁes Rosa
| Milton Santos |
Milton Santos. Primer impacto. Otra ciudad brasileña, sin calles arboladas, con sus edificios sin balcones, ergo sin macetas, con todo pensado para los coches; sol, calor, distancias. Desde la ventana del piso 15 del hotel, en el centro, edificios abandonados de veinte y más pisos, una medianera graffitada con una figura de mujer que parece una bahiana en vestido naranja a lo largo de unos diez pisos, y otra pixada (pishada) con la tĂpica caligrafĂa rĂşnica (influencia del heavy de Iron Maden) a lo largo de otros ocho pisos. ÂżCĂłmo y cuándo lo hacen? Hay videos en you tube (recomiendo PIXO).No con la densidad de SĂŁo Paulo pero la urbe es otra vez un ejemplo brasileño de museo al aire libre, una pizarra gratuita, imponente, visible. Cuánto anticipĂł el gran geĂłgrafo Milton Santos sobre la modernidad que se compra en altura y distancias, ÂżquĂ© dirĂa de estos muros filigranados con riesgo de vida?
Wannia y Marco. El primer dĂa, visita trajinada al Mercado Central, justo sábado, dĂa de salidas y encuentros, con bares repletos de clientes hablando a los gritos, con sus restaurantes de mesas tan pegadas que son casi conviviales, donde se degustan en un solo plato tantos sabores, con su secciĂłn de venta de pájaros y perros y creo que gatos, de plantas y flores, artesanĂas, en fin lo que se quiera. Llevo mi lista gastronĂłmica: al fin de los siete dĂas compruebo que probĂ© feijĂŁo tropeiro, fĂgado con jilĂł, el infaltable pĂŁo de queijo con cafĂ©, todas las frutas que pude, me quedan para otra visita el frango com quiabo y tantos otros manjares. Un mareo en este hormiguero de ofertas y personas pero obtengo dos cosas utilĂsimas: una guĂa general con informaciĂłn de Minas Gerais y -de la taxista que está en la cola a la salida y que me lleva de vuelta al hotel, Wannia- una tarjeta con el nĂşmero de su celular y la recomendaciĂłn de que su marido, Marco, tambiĂ©n taxista, es un guĂa bien dispuesto y gran chofer. Como viajera hay que agradecer siempre la caridad con el peregrino. Y será Marco un personaje fundamental para sustentar las observaciones con la experiencia y sagacidad de un local. A lo largo de la semana terminarĂ© conociendo por fotos a sus dos hijos, una jovencita amante del deporte y un niño que lo acompaña a pescar en el rĂo San Francisco, y a su mamá que está internada, grave me aclara, y a quien viene de ver en el hospital un dĂa que llega tres minutos tarde. Es el guĂa perfecto, mientras el auto recorra raudo las rutas (todo queda a más de cien kilĂłmetros), sus comentarios enriquecerán con informaciĂłn de primera mano todos los paseos, Ă©l mismo se mostrará extasiado ante los tonos de verde de esas sierras vĂrgenes maravillosas, Ă©l como yo se preguntará cĂłmo se manejaron los portugueses buscadores de oro o piedras preciosas (los emboabas) para desbravar y recorrer esa geografĂa. Tres dichos de mineiro que me dice con gracia y que ilustran la idiosincrasia de este Estado famoso por haber sido cuna de tantos polĂticos – algunos calificados de velhas raposas (viejos zorros)- no se me olvidarán. Pensar que fue de aquĂ como de otros lugares de la rica AmĂ©rica que surgiĂł cruelmente el excedente que fundĂł el capitalismo de Europa (vean los videos de Eduardo Bueno, un Felipe Pigna brasileño, tan claro siempre). No hay nada azaroso en la ocupaciĂłn de este territorio de sierras y florestas increĂbles. Y van los dichos: Se nĂŁo tem mar, vai para o bar, Mineiro come quieto (vale decir: mira y no habla), Mineiro come pelas beiradas (empieza a comer por el borde del plato, donde la comida no quema), valen como muestra de otra manera de ser, Âżno?
| Anfiteatro Museo de Arte Da Pampulha.Niemeyer |
Niemeyer. J.K. El complejo Lagoa de Pampulha y el edificio sobre Plaza Liberdade, o la Ciudad administrativa al costado de la autopista. Avanzadas de una modernidad ultra que quedan aisladas, como hitos de un futuro trazado sobre planos papel manteca, “por más cerca que se estĂ©, todo.aquĂ se ve de lejos” – decĂa Clarice Lispector de Brasilia. Un urbanismo que, si pueden, los más ricos eluden sobrevolándolo en helicĂłpteros o yendo de garaje de condominio a garage de shopping sin contacto con el otro. Juscelino Kubitschek (Yota Ka), Portinari, Burle Marx, Niemeyer, Alfredo Ceschiatti, en 1943, idearon la laguna artificial de Pampulha, a más de 8 kilĂłmetros del Centro. Iglesia, Casino, Casa de Baile, Yacht Club, iba a ser un nĂşcleo irradiante. La iglesia, cercada por mallas de plástico naranja está en restauraciĂłn, el Casino ahora Museo alberga una muestra conceptual que ironiza sobre el antiguo rol, O azar Ă© seu (algo como, Te lo buscaste) y no está en exhibiciĂłn el acervo que prometĂa el librito guĂa; pero a falta de las 1.400 obras prometidas me doy el gusto de una inmersiĂłn de dos horas en un edificio de Niemeyer sin nadie, salvo yo. Curvas, rampas, un auditorio con paneles insonorizadores y un sistema de amplificaciĂłn de sonido (una forma circular cavada en el techo), y sillas que se pueden mover a piacere; en fin, para mĂ que disfruto de la arquitectura, ¡fiesta total! Detalle, los taxistas esperan o vuelven por una, conviniendo horario, prueba de que hay crisis, y si esperan, cobran el viaje hasta ahĂ y paran el reloj. Y se agradece porque lo que rodea a Pampulha es un barrio residencial, portones, paredones, nadie.
| Aleijadinho |
Aleijadinho. Tiradentes. Dos nombres para las dos ciudades histĂłricas que visito. Congonhas, Ouro Preto (antes Vila Rica). Para algunos, AntĂ´nio Francisco Lisboa, el escultor lisiado, (de ahĂ su apodo), tal vez a causa de la lepra que destruyĂł sus manos, es el primer artista mulato brasileño. Para otros, no existiĂł y fueron varios los que esculpieron las obras que se le artibuyen. Los Profetas y los conjuntos escultĂłricos en las capillas. Apenas llegamos, hay un alto obligado de nuestro taxi y sube el guĂa oficial. Un señor de intensos ojos azules, muy delgado, con quien habrá que negociar un precio por su tarea de guĂa. No deja de nombrar a Juscelino Kubitschek, Yota Ká (me comprarĂ© el Ăşltimo dĂa un libro sobre Ă©l, titulado El presidente bossa nova, fascinante figura) y a su madre JĂşlia, siempre que puede y sin que aparentemente sus nombres se conecten con la charla, pues sin duda para Ă©l sustentan ese momento de aspiraciĂłn al progreso que todavĂa lo enciende. Sus observaciones sobre el leĂłn y la ballena que acompañan el conjunto de los profetas son inolvidables: nos dice que Aleijadinho nunca estuvo en Europa, nunca vio una ballena y que por eso se inspirĂł en los peces de rĂo bocudos, que Aleijadinho nunca vio un leĂłn y que por eso le hizo a la escultura cara de mono y melena parecida a vellones de oveja. Ese barroco criollo que es casi un rococĂł, con estatuas de narices finas, ojos estrábicos, cuerpos frágiles…Y columnas que llaman “grávidas” porque desarrollan curvas inĂ©ditas. Nada de la solemnidad europea, una ligereza juguetona, colores más claros, mundo pastel. Y Ouro Preto, tanta informaciĂłn, tanta historia… solo saber que en esa plaza donde se ofrecen los guĂas locales estuvo la cabeza de Tiradentes por meses, como lecciĂłn ante su rebeliĂłn ante la Corona, y ver en el museo las piezas de hierro con que doblegaban a los esclavos, estremece. Vaya a saber dĂłnde tuvo que estacionar su taxi Marco, en estos lugares donde ya hay “peajes” convenidos. Y difĂcil caminar por esas callecitas empedradas y en declive.
| Izabel Mendes |
Izabel Mendes da Cunha. Centro de Arte Popular. Son como cariátides con su porte perfecto y una mirada de intensidad medusina. Pueden llegar a medir un metro y se ven espectaculares con sus trajes de novia inmaculados, con puntillas y cuellos, de diseños haute couture. SabĂa de la namoradeira de janela, la muñeca acodada en la ventana, figura tĂpica para llevar de recuerdo, pero no me esperaba este hallazgo. Las muñecas de arcilla de Izabel Mendes, la artista pionera del Valle de Jequitinhonha, que desde su taller en Santana do AraçuaĂ, desarrollĂł lo que es ahora arte regional y muy apreciado. Y como si el canal arte 1 siguiera mis pasos, esa misma noche veo en el hotel un documental donde la presidenta Dilma premia a una hermosa señora de cabello recogido y tirante, una anciana de cara vivaz; asĂ me entero de que cambiĂł la práctica de la alfarerĂa utilitaria que le transmitiera su madre, por este arte de muñecas que intimidan con una intensidad tal que amenazan con cobrar vida en cualquier momento. Son bellas y misteriosas, como plantadas firmemente ante un destino: madres amamantando o jĂłvenes novias solas o con su prometido. El detalle con que trabaja sus ojos en relieve, con pestañas espesas, y los aros, collares, y labios pintados, y puntillas imantan con elegancia, moda y coqueterĂa refinada cada figura. Ojalá hubiera una muestra aquĂ en Buenos Aires.
| Inhotim |
Tunga. Inhotim. Mi ilusiĂłn más grande era conocer el Instituto Inhotim, el mayor museo de arte contemporáneo al aire libre del mundo. HabĂa incursionado por internet y escuchado las entrevistas a su ideador Bernardo Paz, dueño de la fazenda donde está instalado. ParquizaciĂłn sugerida por Roberto Burle Marx, galerĂas para muestras individuales, instalaciones, tres circuitos, posadas chic en la ciudad cercana de Brumadinho para recibir al turismo que va exclusivamente por esta experiencia. Y las imágenes deslumbrantes que me anticipa internet. Otra vez Marco, y otra vez un viaje por ruta viendo ese paisaje de sierras verdes pero que cada tanto muestran alguna ladera pelada y marrĂłn, y siempre camiones polvorientos y enormes corriendo a nuestro lado. Hay que pasar por Brumadinho – tipeo este nombre y me corre un frĂo pero estoy guardando un ficticio orden cronolĂłgico- ciudad pequeña que antes supo ser leprosario, y que ahora agrega como capital de trabajo el Inhotim a la consabida actividad de extracciĂłn de hierro. Tanto dependen de la empresa (Vale do Rio Doce) que todos la llaman popularmente MĂŁe Vale. No sĂ© por quĂ© pero muchos quebra molas (lomos de burros) durante el paso por la ciudad. Sol, casas bajas, los bares con sus sillas de plástico amarillas, la sequedad, ni un árbol ni una maceta perdĂłn por la insistencia, y al final llegamos al amplio estacionamiento; es martes, son las 10 apenas y Marco se alegra de que no haya casi coches ni micros. Combinamos que me pasa a buscar a las 17 cuando cierra el Instituto Museo. Hasta llegar a la recepciĂłn un camino bordeado por palmeras, las altĂsimas palmeras imperiales, emblemáticas del JardĂn Botánico de Rio, pero aquĂ con un fondo verde constante, un corredor de cientos de metros como preámbulo al ansiado paraĂso. Compro la entrada y pago el carrinho que va a acelerar el recorrido. Las obras son muchas y todas del rubro arte conceptual. Solo apunto algunas: en la piscina de Jorge Macchi varios se meten en traje de baño y los proveen de toallones. Hay una galerĂa solo con obra de Victor Grippo casi sin iluminar. Para entrar en la galerĂa de HĂ©lio Oiticica hay que descalzarse y hay un nĂşmero lĂmite de visitantes simultáneos. Hay una obra Kentridge con mĂşltiples proyecciones, en galerĂa negra con corredor techado que da al parque. Confieso que es raro el efecto de estas propuestas que demandan un análisis, en medio de la sensualidad vegetal cuyo encantamiento es ineludible. Los jovencitos y jovencitas con su uniforme de chombas azules manejan los carritos que te dejan en un punto y vuelven a su base; a veces en medio de la selva hay que caminar bastante hasta llegar a la propuesta artĂstica. Se deben seguir instrucciones, se sugieren recorridos, se pasa de la luz deslumbrante natural a espacios en semipenumbra, las obras a la intemperie demoran en ser descubiertas pues no hay tanta señalizaciĂłn, hay que esperar por los carritos y más si se completan y, como me conforta una empleada: menos mal que vinieron martes y no miĂ©rcoles que es gratis: ¡esto se vuelve una locura! Pero para resumir en un nombre mi vĂ©rtigo ante tanta informaciĂłn, formas e imágenes, elijo a Tunga, que tiene su obra exhibida en una galerĂa exclusiva de modo permanente; dicen que fue uno de los que alentĂł a Bernardo Paz para decidirse por la fundaciĂłn del Instituto y que le auguraba el Ă©xito de una suerte de parque de diversiones de las artes. Se definĂa como “un artista venusino, que cayĂł en Pangeia, que luego fue la Tierra y, al separarse los continentes, terminĂł en suelo brasileño”. Su sala solo de cristales me parece la mejor metáfora del brillo de oro y diamantes de otros tiempos. Un logro alquĂmico, lujoso, en esta galerĂa de maderas de distintos tonos perfectamente encastradas en piso y techos, un cofre pulido para sus joyas.
Conclusión y consejo; con el sistema que yo elegà es imposible hacer los tres circuitos, que por partes carecen del servicio de carrinhos y hay que cumplir a pie. (Leo en el folleto mapa que hay un kiosko de una agencia especializada a la entrada al parque, y que ofrece servicios “especiales”. Pero tarde, ya en Buenos Aires)
GuimarĂŁes Rosa. BH invita a salir. Una vez cumplido el circuito cultural en la ciudad alrededor de la plaza central, Liberdade – museos y centros culturales muy bien mantenidos por las grandes empresas Banco do Brasil, Vale do Rio Doce, Petrobras – los ojos se lanzan a la guĂa para ver quĂ© más se puede conocer. A 124 kilĂłmetros, Cordisburgo, la ciudad natal de GuimarĂŁes Rosa. Marco avisa que ha pasado por allĂ pero que nunca fue al Museo, la casa natal del escritor. Grande SertĂŁo, veredas. Obra maestra. El primer libro que comprĂ© en mi primer viaje a Brasil junto con el diccionario Aurelio. Para recoger informaciĂłn para su magna novela, GR partiĂł con jinetes expertos en 1952 a recorrer el sertĂŁo de Minas. La traducciĂłn literal del tĂtulo no ayuda a captar la geografĂa insinuada: propongo esta RegiĂłn agreste (o ÂżDesierto?, para acentuar), oasis (veredas, regionalismo de Minas Gerais, significa en medio del cerrado, flujo de agua cercado por la vegetaciĂłn de los buritis (plantas de la familia de las malpighiaceas).Veo el sertĂŁo, vegetaciĂłn achaparrada pero suelo verde, otro pasisaje. Y Cordisburgo, una ciudad pequeña, con una iglesia abierta impecable, una plaza temática con animales prehistĂłricos que homenajean a Peter Lund, paleontĂłlogo danĂ©s que anduvo por allĂ en 1835. Un solo restaurante importante al que vamos con Marco a degustar la culinaria de la que tanto se enorgullecen. Y el museo, con objetos, ediciones de originales y traducciones (noto que faltan los dos libros que editĂł en Bs As Adriana Hidalgo, Sagarana traducido por Adriana Almeida, querida colega de Funceb, y Gran SertĂłn, veredas que Gonzalo Aguilar y Florencia Garramuño tradujeran tambiĂ©n hace años – ya fue hecho el contacto para que los envĂen, es importante). Pero el personaje que se roba la escena es nuestro joven guĂa, Tales, del Grupo de contadores de estĂłrias Miguilin; primero nos informa sobre cada objeto, menciona la muerte del autor a tres dĂas de su nombramiento en la Academia de Letras, nos habla de una bisabuela que desde su habitaciĂłn sin ventanas sabĂa todo de todos, nos cuenta sobre los pasaportes que como cĂłnsul en Hamburgo GR facilitĂł a muchos judĂos que pudieron escapar del horror, y a continuaciĂłn nos lleva al fondo donde hay una especie de patio techado con gradas y nos invita a escuchar su narraciĂłn. El instante en que hace silencio, mira al suelo, se concentra y se transforma nos emociona a todos los adultos que allĂ estamos porque, a partir de entonces y por unos diez minutos, Tales es la voz de ese sertĂŁo que Ă© do tamanho do mundo. Y Marco es uno de los más atentos y tiene los ojos hĂşmedos.
Henequin. Un hereje va al ParaĂso. De este libro maravilloso de PlĂnio Freire Gomes me acordĂ© durante la visita al Museu da HistĂłria da Inquisição do Brasil, creado en 2012, y de cuya existencia me entero por un folleto que recojo ya no recuerdo dĂłnde. Paneles, reproducciĂłn de grabados y pinturas, biblioteca, objetos y rĂ©plicas de los instrumentos de tortura. En las cercanĂas de Pampulha, en una casa impecable, con una empleada amabilĂsima, y un taxista que otra vez nos espera leyendo el diario (y aunque lo invitan a pasar, prefiere quedarse dentro del auto). Pedro Rates Henequin es el protagonista de esa historia que termina tan mal y que PlĂnio tan bien narra revelando el panorama de ebulliciĂłn de una Ă©poca, cuando los reinos de Europa se hacĂan a costa de sangre de incalculables cantidades de oro y diamantes. Hijo de una portuguesa y un holandĂ©s, pasĂł veinte años en Minas Gerais, donde conviviĂł con emigrantes conversos a los que perseguĂan para quitarles sus fortunas. En sus alegatos, cuando lo apresan en 1741 en Lisboa, acusado de herejĂa por el Tribunal del Santo Oficio, jura que estuvo en el ParaĂso, habla de ángeles sexuados hijos ilegĂtimos de Dios, de hojas caligrafiadas por Adán, de cascadas y frutos que caen en las manos, describe con asombro la altura de las palmeras, la androginia de la Virgen, creando una cosmologĂa donde catolicismo, calvinismo, Cabala y mitos indĂgenas americanos se mezclan poetizando un discurso más que multicultural. Recorriendo las salas del pequeño pero cuidadĂsimo museo la complejidad de las tramas se vuelve patente. Siento que estoy donde todo empezĂł, como decĂa Haroldo de Campos, tan lejos de la inocencia y con la complejidad del Barroco.
Arte 1. Arte 1, el canal cultural que es el premio, de vuelta en el hotel, despuĂ©s de la jornada de incursiones. Una noche veo para mi sorpresa a FabrĂcio Corsaletti, querido alumno, activo poeta, saludando por los cinco años de vida del canal. Fabricio, que ama y conoce muy bien Buenos Aires, frecuentĂł mis cursos de español de la FundaciĂłn Centro de Estudos Brasileiros, y escribiĂł una novela ambientada en nuestra ciudad. En la programaciĂłn, que es excelente, pasan un documental sobre Tomie Ohtake, la gran pintora japonesa radicada en SĂŁo Paulo, filmado por Tizuka Yamasaki, la gran cineasta carioca nisei – recuerdo la muestra, tambiĂ©n en Funceb, de grabados de Tomie que acompañaban o viceversa los textos de Yuugen de Haroldo de Campos, por otra parte publicados por mi amiga Mercedes RoffĂ© en su sello Pen Press. Y, como si alguien programara mi agenda cultural, hasta pasan un documental sobre la isla de Naoshima, ese proyecto conceptualizado por Tadao Ando, que propone arte en una isla apartada, digamos el proyecto Inhotim japonĂ©s. Y en el periĂłdico que he recogido en algĂşn museo leo que ha fallecido hace poco Jacob Guinsburg, el mĂtico editor de Perspectiva, que publicĂł los Haroldo que atesoro desde hace tantos años. Agrego a los nombres que empiezan a proliferar en mi BH, el de Maria Julieta, la hija del poeta prĂłcer Carlos Drummond de Andrade, quien fuera mi profesora y directora del CEB (Centro de Estudos Brasileiros) en los 70, en la sede de Ayacucho, enfrente del edificio de Radio Nacional, de quien le hablo a una profesora de arte, que está con un grupo de estudiantes en el Centro Cultural Banco do Brasil y que se presta curiosa a la charla. ¡CĂłmo me debĂa este viaje que termina hilvanando tantas vivencias!
Brumadinho. El sábado 19 de febrero ya estoy de vuelta en Buenos Aires, con mi cuaderno lleno de notas, con mi celular lleno de fotos, con el corazón lleno de emociones por este Brasil que pocos conocen, este Brasil interior, con su BH que, como me dijo un taxista, es la capital da roça.
El viernes 25, una semana despuĂ©s, sucede la tragedia de Brumadinho, un dique (barragem) con desechos se rompe y un torrente de sustancias contaminadas arrasa todo a su paso. La dimensiĂłn de la tragedia es inabarcable. Me entero por las noticias que esa mañana abro en mi celu y que me manda el diario de BH em.com.br al que quedĂ© misteriosamente suscripta. En seguida me acuerdo de Marco, extasiado ante el paisaje del ParaĂso, y advirtiĂ©ndonos ante cada pueblito que pasábamos “pero Âżsabe de dĂłnde sacan su renta?”… Y la barragem de Mina do FeijĂŁo desencadena el drama: cientos de muertos, no sĂ© si sabrán algĂşn dĂa exactamente cuántos, pues hay hasta quince metros de barro de espesor, posadas arrasadas. Las primeras cifras son 157 muertos y 165 desaparecidos, pero van en aumento. Los titulares de los dĂas que siguen no dan tregua: El mapa del miedo, 13 ciudades mineiras cercadas por diques de desechos. CrĂmenes de la mineraciĂłn, cĂłmo el juego de intereses facilita la impunidad. Brumadinho, una Guernica minera. En Minas hay cincuenta diques sin garantĂa de estabilidad, vea la lista. Mire cĂłmo quedarĂa Congonhas en caso de ruptura de los diques que rodean la ciudad. El 9 de febrero, Inhotim reabre con un minuto de silencio mientras los bomberos reanudan las bĂşsquedas en Brumadinho. Doce millones de litros de barro tĂłxico. El barro de la barragem afectĂł el abastecimiento de agua de 16 municipios. Directores ejecutivos de Vale sabĂan del problema de la barragem en Brumadinho. Etc. etc. etc. Ya habĂa sucedido en 2015 en Bento Rodrigues, ciudad arrasada, y 615 kilĂłmetros de territorio fueron recorridos y contaminados por el flujo infernal en esa ocasiĂłn…
Logro mandarle un whatsapp a Marco, me lo responde con un Obrigado, Amalia. Y veo en el cĂrculo de identificaciĂłn la palabra LUTO.
Estoy cerrando. Suena mi celular con una notificación. Agenda del sábado 02/03 del Carnaval BH. La apertura del fin de semana de festejos en la capital minera estará a cargo del bloco Então, Brilha! que este año lleva al desfile mensajes de protesta contra el presidente Jair Bolsonaro y la mineradora Vale, responsable por la tragedia de Brumadinho.
En Buenos Aires, sábado 2 de marzo 2019, 8.40 pm.

