Belo Horizonte 2019

7 días en BH (Be Agá, Belo Horizonte), Minas Gerais, Brasil y 14 nombres propios para una agenda de emociones Por Amalia Sato O real não está na saída nem na chegada; ele se dispõe para a gente é no meio da travessia. (Lo real no está en la salida ni en la llegada; se nos ofrece en medio de la travesía) Guimarães Rosa Milton Santos.

Primer impacto. Otra ciudad brasileña, sin calles arboladas, con sus edificios sin balcones, ergo sin macetas, con todo pensado para los coches; sol, calor, distancias. Desde la ventana del piso 15 del hotel, en el centro, edificios abandonados de veinte y más pisos, una medianera graffitada con una figura de mujer que parece una bahiana en vestido naranja a lo largo de unos diez pisos, y otra pixada (pishada) con la típica caligrafía rúnica (influencia del heavy de Iron Maden) a lo largo de otros ocho pisos. ¿Cómo y cuándo lo hacen? Hay videos en you tube (recomiendo PIXO).No con la densidad de São Paulo pero la urbe es otra vez un ejemplo brasileño de museo al aire libre, una pizarra gratuita, imponente, visible. Cuánto anticipó el gran geógrafo Milton Santos sobre la modernidad que se compra en altura y distancias, ¿qué diría de estos muros filigranados con riesgo de vida? Wannia y Marco.

El primer día, visita trajinada al Mercado Central, justo sábado, día de salidas y encuentros, con bares repletos de clientes hablando a los gritos, con sus restaurantes de mesas tan pegadas que son casi conviviales, donde se degustan en un solo plato tantos sabores, con su sección de venta de pájaros y perros y creo que gatos, de plantas y flores, artesanías, en fin lo que se quiera. Llevo mi lista gastronómica: al fin de los siete días compruebo que probé feijão tropeiro, fígado con jiló, el infaltable pão de queijo con café, todas las frutas que pude, me quedan para otra visita el frango com quiabo y tantos otros manjares. Un mareo en este hormiguero de ofertas y personas pero obtengo dos cosas utilísimas: una guía general con información de Minas Gerais y -de la taxista que está en la cola a la salida y que me lleva de vuelta al hotel, Wannia- una tarjeta con el número de su celular y la recomendación de que su marido, Marco, también taxista, es un guía bien dispuesto y gran chofer. Como viajera hay que agradecer siempre la caridad con el peregrino. Y será Marco un personaje fundamental para sustentar las observaciones con la experiencia y sagacidad de un local. A lo largo de la semana terminaré conociendo por fotos a sus dos hijos, una jovencita amante del deporte y un niño que lo acompaña a pescar en el río San Francisco, y a su mamá que está internada, grave me aclara, y a quien viene de ver en el hospital un día que llega tres minutos tarde. Es el guía perfecto, mientras el auto recorra raudo las rutas (todo queda a más de cien kilómetros), sus comentarios enriquecerán con información de primera mano todos los paseos, él mismo se mostrará extasiado ante los tonos de verde de esas sierras vírgenes maravillosas, él como yo se preguntará cómo se manejaron los portugueses buscadores de oro o piedras preciosas (los emboabas) para desbravar y recorrer esa geografía. Tres dichos de mineiro que me dice con gracia y que ilustran la idiosincrasia de este Estado famoso por haber sido cuna de tantos políticos – algunos calificados de velhas raposas (viejos zorros)- no se me olvidarán. Pensar que fue de aquí como de otros lugares de la rica América que surgió cruelmente el excedente que fundó el capitalismo de Europa (vean los videos de Eduardo Bueno, un Felipe Pigna brasileño, tan claro siempre). No hay nada azaroso en la ocupación de este territorio de sierras y florestas increíbles. Y van los dichos: Se não tem mar, vai para o bar, Mineiro come quieto (vale decir: mira y no habla), Mineiro come pelas beiradas (empieza a comer por el borde del plato, donde la comida no quema), valen como muestra de otra manera de ser, ¿no? Niemeyer. J.K. El complejo Lagoa de Pampulha y el edificio sobre Plaza Liberdade, o la Ciudad administrativa al costado de la autopista. Avanzadas de una modernidad ultra que quedan aisladas, como hitos de un futuro trazado sobre planos papel manteca, “por más cerca que se esté, todo.aquí se ve de lejos” – decía Clarice Lispector de Brasilia. Un urbanismo que, si pueden, los más ricos eluden sobrevolándolo en helicópteros o yendo de garaje de condominio a garage de shopping sin contacto con el otro. Juscelino Kubitschek (Yota Ka), Portinari, Burle Marx, Niemeyer, Alfredo Ceschiatti, en 1943, idearon la laguna artificial de Pampulha, a más de 8 kilómetros del Centro. Iglesia, Casino, Casa de Baile, Yacht Club, iba a ser un núcleo irradiante. La iglesia, cercada por mallas de plástico naranja está en restauración, el Casino ahora Museo alberga una muestra conceptual que ironiza sobre el antiguo rol, O azar é seu (algo como, Te lo buscaste) y no está en exhibición el acervo que prometía el librito guía; pero a falta de las 1.400 obras prometidas me doy el gusto de una inmersión de dos horas en un edificio de Niemeyer sin nadie, salvo yo. Curvas, rampas, un auditorio con paneles insonorizadores y un sistema de amplificación de sonido (una forma circular cavada en el techo), y sillas que se pueden mover a piacere; en fin, para mí que disfruto de la arquitectura, ¡fiesta total! Detalle, los taxistas esperan o vuelven por una, conviniendo horario, prueba de que hay crisis, y si esperan, cobran el viaje hasta ahí y paran el reloj. Y se agradece porque lo que rodea a Pampulha es un barrio residencial, portones, paredones, nadie. Aleijadinho. Tiradentes. Dos nombres para las dos ciudades históricas que visito. Congonhas, Ouro Preto (antes Vila Rica). Para algunos, Antônio Francisco Lisboa, el escultor lisiado, (de ahí su apodo), tal vez a causa de la lepra que destruyó sus manos, es el primer artista mulato brasileño. Para otros, no existió y fueron varios los que esculpieron las obras que se le artibuyen. Los Profetas y los conjuntos escultóricos en las capillas. Apenas llegamos, hay un alto obligado de nuestro taxi y sube el guía oficial. Un señor de intensos ojos azules, muy delgado, con quien habrá que negociar un precio por su tarea de guía. No deja de nombrar a Juscelino Kubitschek, Yota Ká (me compraré el último día un libro sobre él, titulado El presidente bossa nova, fascinante figura) y a su madre Júlia, siempre que puede y sin que aparentemente sus nombres se conecten con la charla, pues sin duda para él sustentan ese momento de aspiración al progreso que todavía lo enciende. Sus observaciones sobre el león y la ballena que acompañan el conjunto de los profetas son inolvidables: nos dice que Aleijadinho nunca estuvo en Europa, nunca vio una ballena y que por eso se inspiró en los peces de río bocudos, que Aleijadinho nunca vio un león y que por eso le hizo a la escultura cara de mono y melena parecida a vellones de oveja. Ese barroco criollo que es casi un rococó, con estatuas de narices finas, ojos estrábicos, cuerpos frágiles…Y columnas que llaman “grávidas” porque desarrollan curvas inéditas. Nada de la solemnidad europea, una ligereza juguetona, colores más claros, mundo pastel.

Y Ouro Preto, tanta información, tanta historia… solo saber que en esa plaza donde se ofrecen los guías locales estuvo la cabeza de Tiradentes por meses, como lección ante su rebelión ante la Corona, y ver en el museo las piezas de hierro con que doblegaban a los esclavos, estremece. Vaya a saber dónde tuvo que estacionar su taxi Marco, en estos lugares donde ya hay “peajes” convenidos. Y difícil caminar por esas callecitas empedradas y en declive. Izabel Mendes da Cunha. Centro de Arte Popular. Son como cariátides con su porte perfecto y una mirada de intensidad medusina. Pueden llegar a medir un metro y se ven espectaculares con sus trajes de novia inmaculados, con puntillas y cuellos, de diseños haute couture. Sabía de la namoradeira de janela, la muñeca acodada en la ventana, figura típica para llevar de recuerdo, pero no me esperaba este hallazgo. Las muñecas de arcilla de Izabel Mendes, la artista pionera del Valle de Jequitinhonha, que desde su taller en Santana do Araçuaí, desarrolló lo que es ahora arte regional y muy apreciado. Y como si el canal arte 1 siguiera mis pasos, esa misma noche veo en el hotel un documental donde la presidenta Dilma premia a una hermosa señora de cabello recogido y tirante, una anciana de cara vivaz; así me entero de que cambió la práctica de la alfarería utilitaria que le transmitiera su madre, por este arte de muñecas que intimidan con una intensidad tal que amenazan con cobrar vida en cualquier momento. Son bellas y misteriosas, como plantadas firmemente ante un destino: madres amamantando o jóvenes novias solas o con su prometido. El detalle con que trabaja sus ojos en relieve, con pestañas espesas, y los aros, collares, y labios pintados, y puntillas imantan con elegancia, moda y coquetería refinada cada figura. Ojalá hubiera una muestra aquí en Buenos Aires. Tunga. Inhotim.. Mi ilusión más grande era conocer el Instituto Inhotim, el mayor museo de arte contemporáneo al aire libre del mundo. Había incursionado por internet y escuchado las entrevistas a su ideador Bernardo Paz, dueño de la fazenda donde está instalado. Parquización sugerida por Roberto Burle Marx, galerías para muestras individuales, instalaciones, tres circuitos, posadas chic en la ciudad cercana de Brumadinho para recibir al turismo que va exclusivamente por esta experiencia. Y las imágenes deslumbrantes que me anticipa internet. Otra vez Marco, y otra vez un viaje por ruta viendo ese paisaje de sierras verdes pero que cada tanto muestran alguna ladera pelada y marrón, y siempre camiones polvorientos y enormes corriendo a nuestro lado. Hay que pasar por Brumadinho – tipeo este nombre y me corre un frío pero estoy guardando un ficticio orden cronológico- ciudad pequeña que antes supo ser leprosario, y que ahora agrega como capital de trabajo el Inhotim a la consabida actividad de extracción de hierro. Tanto dependen de la empresa (Vale do Rio Doce) que todos la llaman popularmente Mãe Vale. No sé por qué pero muchos quebra molas (lomos de burros) durante el paso por la ciudad. Sol, casas bajas, los bares con sus sillas de plástico amarillas, la sequedad, ni un árbol ni una maceta perdón por la insistencia, y al final llegamos al amplio estacionamiento; es martes, son las 10 apenas y Marco se alegra de que no haya casi coches ni micros. Combinamos que me pasa a buscar a las 17 cuando cierra el Instituto Museo. Hasta llegar a la recepción un camino bordeado por palmeras, las altísimas palmeras imperiales, emblemáticas del Jardín Botánico de Rio, pero aquí con un fondo verde constante, un corredor de cientos de metros como preámbulo al ansiado paraíso. Compro la entrada y pago el carrinho que va a acelerar el recorrido. Las obras son muchas y todas del rubro arte conceptual. Solo apunto algunas: en la piscina de Jorge Macchi varios se meten en traje de baño y los proveen de toallones.

Hay una galería solo con obra de Victor Grippo casi sin iluminar. Para entrar en la galería de Hélio Oiticica hay que descalzarse y hay un número límite de visitantes simultáneos. Hay una obra Kentridge con múltiples proyecciones, en galería negra con corredor techado que da al parque. Confieso que es raro el efecto de estas propuestas que demandan un análisis, en medio de la sensualidad vegetal cuyo encantamiento es ineludible. Los jovencitos y jovencitas con su uniforme de chombas azules manejan los carritos que te dejan en un punto y vuelven a su base; a veces en medio de la selva hay que caminar bastante hasta llegar a la propuesta artística. Se deben seguir instrucciones, se sugieren recorridos, se pasa de la luz deslumbrante natural a espacios en semipenumbra, las obras a la intemperie demoran en ser descubiertas pues no hay tanta señalización, hay que esperar por los carritos y más si se completan y, como me conforta una empleada: menos mal que vinieron martes y no miércoles que es gratis: ¡esto se vuelve una locura! Pero para resumir en un nombre mi vértigo ante tanta información, formas e imágenes, elijo a Tunga, que tiene su obra exhibida en una galería exclusiva de modo permanente; dicen que fue uno de los que alentó a Bernardo Paz para decidirse por la fundación del Instituto y que le auguraba el éxito de una suerte de parque de diversiones de las artes. Se definía como “un artista venusino, que cayó en Pangeia, que luego fue la Tierra y, al separarse los continentes, terminó en suelo brasileño”. Su sala solo de cristales me parece la mejor metáfora del brillo de oro y diamantes de otros tiempos. Un logro alquímico, lujoso, en esta galería de maderas de distintos tonos perfectamente encastradas en piso y techos, un cofre pulido para sus joyas. Conclusión y consejo; con el sistema que yo elegí es imposible hacer los tres circuitos, que por partes carecen del servicio de carrinhos y hay que cumplir a pie. (Leo en el folleto mapa que hay un kiosko de una agencia especializada a la entrada al parque, y que ofrece servicios “especiales”. Pero tarde, ya en Buenos Aires) Guimarães Rosa.BH invita a salir. Una vez cumplido el circuito cultural en la ciudad alrededor de la plaza central, Liberdade – museos y centros culturales muy bien mantenidos por las grandes empresas Banco do Brasil, Vale do Rio Doce, Petrobras – los ojos se lanzan a la guía para ver qué más se puede conocer. A 124 kilómetros, Cordisburgo, la ciudad natal de Guimarães Rosa. Marco avisa que ha pasado por allí pero que nunca fue al Museo, la casa natal del escritor. Grande Sertão, veredas. Obra maestra. El primer libro que compré en mi primer viaje a Brasil junto con el diccionario Aurelio. Para recoger información para su magna novela, GR partió con jinetes expertos en 1952 a recorrer el sertão de Minas. La traducción literal del título no ayuda a captar la geografía insinuada: propongo esta Región agreste (o ¿Desierto?, para acentuar), oasis (veredas, regionalismo de Minas Gerais, significa en medio del cerrado, flujo de agua cercado por la vegetación de los buritis (plantas de la familia de las malpighiaceas).Veo el sertão, vegetación achaparrada pero suelo verde, otro pasisaje.

Y Cordisburgo, una ciudad pequeña, con una iglesia abierta impecable, una plaza temática con animales prehistóricos que homenajean a Peter Lund, paleontólogo danés que anduvo por allí en 1835. Un solo restaurante importante al que vamos con Marco a degustar la culinaria de la que tanto se enorgullecen. Y el museo, con objetos, ediciones de originales y traducciones (noto que faltan los dos libros que editó en Bs As Adriana Hidalgo, Sagarana traducido por Adriana Almeida, querida colega de Funceb, y Gran Sertón, veredas que Gonzalo Aguilar y Florencia Garramuño tradujeran también hace años – ya fue hecho el contacto para que los envíen, es importante). Pero el personaje que se roba la escena es nuestro joven guía, Tales, del Grupo de contadores de estórias Miguilin; primero nos informa sobre cada objeto, menciona la muerte del autor a tres días de su nombramiento en la Academia de Letras, nos habla de una bisabuela que desde su habitación sin ventanas sabía todo de todos, nos cuenta sobre los pasaportes que como cónsul en Hamburgo GR facilitó a muchos judíos que pudieron escapar del horror, y a continuación nos lleva al fondo donde hay una especie de patio techado con gradas y nos invita a escuchar su narración. El instante en que hace silencio, mira al suelo, se concentra y se transforma nos emociona a todos los adultos que allí estamos porque, a partir de entonces y por unos diez minutos, Tales es la voz de ese sertão que é do tamanho do mundo. Y Marco es uno de los más atentos y tiene los ojos húmedos. Henequin. Un hereje va al Paraíso. De este libro maravilloso de Plínio Freire Gomes me acordé durante la visita al Museu da História da Inquisição do Brasil, creado en 2012, y de cuya existencia me entero por un folleto que recojo ya no recuerdo dónde. Paneles, reproducción de grabados y pinturas, biblioteca, objetos y réplicas de los instrumentos de tortura.

En las cercanías de Pampulha, en una casa impecable, con una empleada amabilísima, y un taxista que otra vez nos espera leyendo el diario (y aunque lo invitan a pasar, prefiere quedarse dentro del auto). Pedro Rates Henequin es el protagonista de esa historia que termina tan mal y que Plínio tan bien narra revelando el panorama de ebullición de una época, cuando los reinos de Europa se hacían a costa de sangre de incalculables cantidades de oro y diamantes. Hijo de una portuguesa y un holandés, pasó veinte años en Minas Gerais, donde convivió con emigrantes conversos a los que perseguían para quitarles sus fortunas. En sus alegatos, cuando lo apresan en 1741 en Lisboa, acusado de herejía por el Tribunal del Santo Oficio, jura que estuvo en el Paraíso, habla de ángeles sexuados hijos ilegítimos de Dios, de hojas caligrafiadas por Adán, de cascadas y frutos que caen en las manos, describe con asombro la altura de las palmeras, la androginia de la Virgen, creando una cosmología donde catolicismo, calvinismo, Cabala y mitos indígenas americanos se mezclan poetizando un discurso más que multicultural. Recorriendo las salas del pequeño pero cuidadísimo museo la complejidad de las tramas se vuelve patente. Siento que estoy donde todo empezó, como decía Haroldo de Campos, tan lejos de la inocencia y con la complejidad del Barroco. Arte 1. Arte 1, el canal cultural que es el premio, de vuelta en el hotel, después de la jornada de incursiones. Una noche veo para mi sorpresa a Fabrício Corsaletti, querido alumno, activo poeta, saludando por los cinco años de vida del canal. Fabricio, que ama y conoce muy bien Buenos Aires, frecuentó mis cursos de español de la Fundación Centro de Estudos Brasileiros, y escribió una novela ambientada en nuestra ciudad. En la programación, que es excelente, pasan un documental sobre Tomie Ohtake, la gran pintora japonesa radicada en São Paulo, filmado por Tizuka Yamasaki, la gran cineasta carioca nisei – recuerdo la muestra, también en Funceb, de grabados de Tomie que acompañaban o viceversa los textos de Yuugen de Haroldo de Campos, por otra parte publicados por mi amiga Mercedes Roffé en su sello Pen Press. Y, como si alguien programara mi agenda cultural, hasta pasan un documental sobre la isla de Naoshima, ese proyecto conceptualizado por Tadao Ando, que propone arte en una isla apartada, digamos el proyecto Inhotim japonés. Y en el periódico que he recogido en algún museo leo que ha fallecido hace poco Jacob Guinsburg, el mítico editor de Perspectiva, que publicó los Haroldo que atesoro desde hace tantos años. Agrego a los nombres que empiezan a proliferar en mi BH, el de Maria Julieta, la hija del poeta prócer Carlos Drummond de Andrade, quien fuera mi profesora y directora del CEB (Centro de Estudos Brasileiros) en los 70, en la sede de Ayacucho, enfrente del edificio de Radio Nacional, de quien le hablo a una profesora de arte, que está con un grupo de estudiantes en el Centro Cultural Banco do Brasil y que se presta curiosa a la charla. ¡Cómo me debía este viaje que termina hilvanando tantas vivencias! Brumadinho.

El sábado 19 de febrero ya estoy de vuelta en Buenos Aires, con mi cuaderno lleno de notas, con mi celular lleno de fotos, con el corazón lleno de emociones por este Brasil que pocos conocen, este Brasil interior, con su BH que, como me dijo un taxista, es la capital da roça. El viernes 25, una semana después, sucede la tragedia de Brumadinho, un dique (barragem) con desechos se rompe y un torrente de sustancias contaminadas arrasa todo a su paso. La dimensión de la tragedia es inabarcable. Me entero por las noticias que esa mañana abro en mi celu y que me manda el diario de BH em.com.br al que quedé misteriosamente suscripta. En seguida me acuerdo de Marco, extasiado ante el paisaje del Paraíso, y advirtiéndonos ante cada pueblito que pasábamos “pero ¿sabe de dónde sacan su renta?”… Y la barragem de Mina do Feijão desencadena el drama: cientos de muertos, no sé si sabrán algún día exactamente cuántos, pues hay hasta quince metros de barro de espesor, posadas arrasadas. Las primeras cifras son 157 muertos y 165 desaparecidos, pero van en aumento. Los titulares de los días que siguen no dan tregua: El mapa del miedo, 13 ciudades mineiras cercadas por diques de desechos. Crímenes de la mineración, cómo el juego de intereses facilita la impunidad. Brumadinho, una Guernica minera. En Minas hay cincuenta diques sin garantía de estabilidad, vea la lista. Mire cómo quedaría Congonhas en caso de ruptura de los diques que rodean la ciudad. El 9 de febrero, Inhotim reabre con un minuto de silencio mientras los bomberos reanudan las búsquedas en Brumadinho.

Doce millones de litros de barro tóxico. El barro de la barragem afectó el abastecimiento de agua de 16 municipios. Directores ejecutivos de Vale sabían del problema de la barragem en Brumadinho. Etc. etc. etc. Ya había sucedido en 2015 en Bento Rodrigues, ciudad arrasada, y 615 kilómetros de territorio fueron recorridos y contaminados por el flujo infernal en esa ocasión… Logro mandarle un whatsapp a Marco, me lo responde con un Obrigado, Amalia. Y veo en el círculo de identificación la palabra LUTO. Estoy cerrando. Suena mi celular con una notificación. Agenda del sábado 02/03 del Carnaval BH. La apertura del fin de semana de festejos en la capital minera estará a cargo del bloco Então, Brilha! que este año lleva al desfile mensajes de protesta contra el presidente Jair Bolsonaro y la mineradora Vale, responsable por la tragedia de Brumadinho. En Buenos Aires, sábado 2 de marzo 2019, 8.40 pm.

Amalia Sato Agosto de 2020

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