LA BELLEZA COMO PARADIGMA

Texto de Alfredo Prior

El estado de la cuestión

Jornadas de Reflexión

6 de octubre, 18 y 24 de noviembre de 2005-10-08 

Palais de Glace

Señoras y señores:

Es hora de admitirlo, ya hace unas cuantas décadas que el urinario de Duchamp huele cada vez peor. 

Una dramatización tardía, que el propio artista no hubiera admitido, convierten en obra desaparecida el artefacto de R.Mutt a fuerza de tanto desinfectante teórico, al alterar el relieve de un estilo que se pretendía histórico.

Utilizamos, sin lugar a dudas, instrumentos cuya red de aprehensión es indirecta y oblicua, mientras la evaporación de un milenio se nos escapa, banal e inexpresiva.

Todo el cuerpo duerme menos la nariz – sentenció un sabio taoísta. Hora es de que el cuerpo todo se convierta en nariz.

Transmitir el signo y su fundamento: he ah’i la nobleza y la dignidad del arte, algo mucho más relacionado con la Verdad que con la Belleza.

Según Bachelard: “Para durar hay que confiarse a ritmos, es decir a ‘sistemas de instantes’ “

Pero ¿a qué ritmo, a qué sistema más allá de la taracea del canon puede acogerse en progresión infinita la Belleza?

Sólo la imaginación con su grave de realidad transfigura la realidad en forma. Cualquier romántico suicida – me incluyo – podría aseverarlo.

Si la Belleza es llevar la extensión a la ausencia infinita, la emigración a la errancia  dislocada y sin fin, nada más lejos que la regulación rítmica y monstruosa del Canon.

Cezanne lo dijo de una manera definitiva e insuperable: “El color es el lugar donde el universo y el cerebro se reencuentran.” Universo, como quien diría Cosmos, Dios, Ser Supremo, toda la cantinela con la que nos adormece el arrorró new age.    

Pero allí donde el arrorró debía susurrar mente, Cezanne escribe “cerebro”. ¿Residuo naturalista?

Recordemos que su gran amigo de juventud fue Emile Zolá.

Definitivamente no. Materialidad pura. Cartografía brutal de las circunvoluciones que supera a las aleccionadoras ilustraciones en sepia del positivismo.

Según Mallarmé – y esto viene a cuento más persa que chino:

“No están abiertos a la búsqueda mental más que dos caminos, donde se bifurca nuestra necesidad, a saber, el estético por una parte, y la economía política.”

Plusvalía / Mercado, si lo quieren más claro, pregúntenle a Martínez de Hoz y después hablamos con Cavallo.

Dicen que cuando Picasso mostró a sus amigos “Las señoritas de Avignon”, su obra más reciente, el desconcierto hizo resonar el cornetín horrísono del asco. André Derain llegó a decir que no sería extraño encontrar al malagueño ahorcado detrás del cuadro.

Algo olía mal en el Bateau Lavoir, y mucho peor que la Fontana del Marqués Marcel.

Entramos definitivamente en el reino del mamarracho, de aquel valor – ¿paradigma? – que se llamaba Belleza.

Ya los impresionistas, y aquella orangutana lasciva, según la describió la crítica de la época, la Olimpia de Manet, habían hecho de la risa, exhibición del pésimo sistema ortodóncico de la burguesía reinante.

Hoy, todo un sofisticado sistema de implantes dentales e ideológicos nos permite el beneficio de permanecer con la boca discretamente cerrada.

Texto de Alfredo Prior, leído el 6 de octubre de 2005.

19.30 hs